La nueva política económica de Brasil y la integración regional

    Por Miradas al Sur
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    Jun 28, 2015
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    La nueva política económica de Brasil y la integración regional

    Con una extensa carrera diplomática, el especialista brasileño en temas de desarrollo regional, Samuel Pinheiro Guimarães aportó su perspectiva sobre el delicado momento que atraviesa la región y la nueva política económica del gobierno brasileño.

    Fue secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores y Alto representante general del Mercosur durante el gobierno de Lula da Silva. Tuvo siempre como foco lograr la integración económica de la región para potenciar los proyectos industriales. Invitado por el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (Cefid-Ar), Pinheiro Guimarães habló con Miradas al Sur sobre la forma en que está afectando la actual crisis global a la región. “Estamos viviendo una crisis que inicialmente fue financiera, pero actualmente es económica y social”, diagnostica.

    “En Suramérica, esto está impactando en la caída de los precios del sector primario, el sector que generalmente es conducido por los estratos más conservadores. Y no es casualidad que utilicen esta situación para volver a poner en escena sus demandas por un mayor apoyo al agro en detrimento de la industria, bajo el argumento de que solo somos competitivos con las materias primas”, señala.

    Recuerda que estos sectores, además, “demandan programas liberales de apertura comercial y ajustes, así como de competitividad por reducción de salarios, tercerización o supresión de derechos laborales”.

    Pinheiro Guimaraes señala que, a esta situación, se suma el hecho de que Europa y los Estados Unidos tienen que salir de la crisis y, como son exportadores industriales, insisten con los acuerdos de libre comercio “que una vez que se realizan abren las puertas para otros acuerdos similares, porque los demás países exigen condiciones similares, siempre con el objetivo de tener acceso a material primas y exportar sus manufacturas”.

    También sostiene que esta situación tiene una influencia mucho más decisiva en los países más pequeños de la región, pues aquellos países con un cierto grado de industrialización como la Argentina o Brasil tienen menos permeabilidad a este discurso, mientras que países muy primarizados, como el caso del Paraguay, tienen menores barreras de contención contra los acuerdos de libre comercio que les reduce aún más el campo de decisiones y de desarrollo socioeconómico.

    En lo que respecta específicamente al Brasil, afirma que otro de los fuertes condicionantes a las políticas industriales y progresistas se relaciona con el actual grado de extranjerización de su economía, pues durante las últimas décadas el capital trasnacional avanzó fuertemente en su país.

    “Durante la década del ’90 tuvimos la maldición del cambio fijo, lo cual facilitó la compra de empresas brasileñas por multinacionales, y actualmente muchos empresarios en el Brasil son alemanes, franceses, estadounidenses. Ellos no conocen nuestra sociedad, ni tampoco les importa o se preocupan por hacerlo. Están en Brasil por dos o tres años y luego se marchan, con lo cual la gran industria no tiene fuerza política, más allá de que sí tienen recursos para financiar campañas electorales y desde allí controlar ciertas políticas económicas sectoriales y especificas”, señala.

    De hecho, Guimarães sostiene que son las pequeñas compañías las más orientadas a una política de desarrollo nacional, pero éstas no tienen fuerza, sino que dependen de lo que pueda realizar el Estado para construir un capitalismo nacional, “lo cual choca con las demandas de grupos conservadores por reducir el papel del Estado”.
    En este sentido, señala que la actual orientación económica del gobierno de Dilma Rousseff parece estar condicionada por estas demandas conservadoras, aunque señala que “creo que Dilma tiene la expectativa de que estas medidas se apliquen por un corto período, para estabilizar las cosas. Pero es una apuesta muy riesgosa, principalmente porque hay muchos funcionarios que pueden aprovechar la oportunidad para profundizar estas políticas de austeridad”. De hecho, añade que “hay una cierta división interna en el actual gobierno entre quienes no conocen nada o están mas preocupados por la visión cosmopolita y otros que son muy nacionalistas, y están muy atentos a los problemas nacionales”.

    Pinheiro Guimarães sostiene que una de las cuestiones más complejas radica en la formación cultural de la clase dirigente brasileña, que demanda políticas ortodoxas para lograr una “integración al mundo” que en los hechos ya existe. “Para tener un tono diplomático, diría que es un problema de escasez de información, es mejor decir eso que decirles ignorantes. Estos funcionarios deberían saber que Brasil ya está integrado a la economía internacional: somos exportadores, importadores, los capitales van y vienen, ya estamos integrados. Y lo que tampoco conocen es que este tipo de integración responde en gran medida a empresas multinacionales a las que solo les interesa su producción específica, y no están preocupadas por lo que ocurre en otros sectores y el país, sino que actúan solo a favor de sus intereses”.

    El experto brasileño resalta que esta cuestión ideológica se replica en la prensa brasileña: “Las relaciones con los Estados Unidos son las mejores, no hay ninguna queja de sus empresas, no hay ninguna restricción cultural, y sin embargo quieren mostrar al gobierno como aislado”. Guimarães observa otro de los fuertes condicionantes: “En Brasil existe un gran problema con los medios de comunicación. Las personas no tienen información directa, sino que es por medio de la prensa, que actúa como oposición. No es un cuarto poder, sino que actúa por encima de los otros, y determina nada menos que la comprensión de la realidad”.

    Allí ve una de las razones para las movilizaciones contra Rouseff durante 2014, aunque también señala que “los programas sociales implementados por el Estado en estos últimos años, que sacaron a tantas personas de la pobreza y la miseria, fueron percibidos a su vez por las clases medias como una pérdida de privilegios, bajo la idea de que si unos ganan derechos otros los pierden. De todas formas, estas clases medias verán reducida su calidad de vida si se profundizan las políticas ortodoxas, por lo que difícilmente un cambio hacia la orientación conservadora podrá aquietar su movilización, sino que por el contrario sumará a las de las clases más postergadas”.

    UE-MERCOSUR | Las consecuencias de un acuerdo de libre comercio

    Samuel Pinheiro Guimaraes advirtió sobre las consecuencias que podría tener para la región un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (UE): “El Mercosur es una unión arancelaria, lo que significa que las empresas que están dentro del bloque tienen un tratamiento preferencial respecto de las que están fuera del bloque, para lo cual tienen un arancel común de protección”.

    “Si se negocia un acuerdo de libre comercio con Europa, ya no existirá el arancel externo común; además, se va a tener que negociar con los Estados Unidos porque ellos van a reclamar que se encuentran en una situación de inferioridad de condiciones respecto de Europa. Al final del proceso, se pierde el arancel externo común y se abren los mercados lo que al final hará muy difícil el desarrollo industrial”, continuó.

    El ex ministro de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de Brasil resaltó la necesidad de impulsar la tendencia hacia un mundo multipolar, que abra diversas posibilidades de inserción global a los países en desarrollo y declaró estar muy a favor de la integración de la Argentina al Brics (grupo de países que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). “Los países juegan en bloques, nadie juega solo. En el Brics hay países muy poderosos, por eso es muy importante que toda la América hispánica se sienta representada”, finalizó.

    Nota de F. Balázs J. Blejmar publicada en Miradas al Sur.

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