"Hoy sólo perdió la Grecia de los oligarcas y ganó la Grecia del trabajo"

    Por Instituto IDEAL
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    Feb 03, 2015
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    Así se dirigió Alexis Tsipras, líder de la victoriosa Coalición de la Izquierda Radical (Syrizas por sus siglas en griego), al conocer el escrutinio de las elecciones del pasado domingo. El escritor argentino Leopoldo Lugones nunca imaginó cuando escribió El Payador (1916), donde defendía la idea de que los argentinos somos herederos de los griegos, que en 2015 las afinidades entre Grecia y Argentina serían tantas.
    Por empezar nos une a quién tenemos en frente: la directora del FMI, Christine Lagarde, en una clara intromisión en los asuntos internos de Grecia, “advirtió” en medio de la campaña que la intención de Syriza de reestructurar la deuda traería “consecuencias”: “los esfuerzos colectivos son bienvenidos, pero al mismo tiempo una deuda es una deuda y es un contrato” aclaró.

    Cuando hablamos de Grecia hablamos de una sociedad sometida a una política de ajuste fenomenal bajo las órdenes de la Unión Europea y el mundo financiero. Grecia tiene 11 millones de habitantes y desde el 2009 perdió 1 millón de empleos y cerraron el 30% de las empresas, el salario cayó un 40%, el PBI decreció el 25%, la mortalidad infantil aumentó el 40% y la pobreza el 92% y la deuda pasó del 115% del PBI al 175% del PBI. O sea Grecia debe, casi, lo que produce en 2 años. Y hay 3 millones de ciudadanos griegos sin asistencia sanitaria. Tres de cada cinco griegos se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Estos han sido los efectos de lo que en la Troika (triunvirato conformado por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la eurozona) llamaron “la salida de la crisis”, anunciada con bombos y platillos hace menos de un año por Ángela Merkel, figura política y pública de la Troika, presidente de Alemania y Antonis Samarás, ex – Primer Minsitro griego. Efectivamente, la crisis fue superada para los sectores financieros: ha repartido la economía en pocas manos produciendo una catástrofe social en el sur de Europa, no sólo en Grecia sino también en Portugal y España.

    En este contexto de crisis han surgido en Grecia (aunque es verificable también en otros países de Europa) las opciones por izquierda y las opciones por derecha. Syriza, vencedor de las elecciones pasadas, históricas y que marcan un nuevo rumbo para el país helénico; y Amanecer Dorado, un partido abiertamente neonazi que alcanzó el 10% en las elecciones pasadas pero que ahora no llegó al 8%. Sin embargo, se constituye en la tercera fuerza electoral del país, superando al Partido Comunista de Grecia (que no integra la Coalición de Syriza) y al tradicional partido socialdemócrata griego Pasok. Es decir, Syriza tendrá que gobernar con casi la mayoría absoluta en al parlamento (sólo por dos escaños) y asediado por dos partidos conservadores: Nueva Democracia (que salió segundo) y Amanecer Dorado. Las crisis habilitan a situaciones extremas. La sociedad le permite a Syriza una posibilidad histórica (con un discurso rupturista contra el neoliberalismo) de buscar alternativas que tengan que ver con lo que estamos haciendo en América Latina desde hace más de diez años.

    A nivel internacional, el escenario también se modificó substancialmente. En términos económicos Grecia significa el 2% del PBI europeo,  es decir no mueve el amperímetro en términos económicos. Pero esa elección se ha continentalizado. Fue una elección europea en su conjunto, a pesar de que Grecia económicamente no tiene peso, porque lo que se definía era cómo una parte de la Unión Europea iba a afrontar la crisis. Y apareció una grieta al discurso neoliberal. Hay que hacer otra cosa y esa “cosa” es bastante parecida a lo que venimos haciendo los latinoamericanos. Parando de frente a las políticas neoliberales y dando una vuelta de timón para volver a priorizar ya no los interés concentrados financieros sino a los hombres y mujeres de nuestra sociedad. Se podría decir que con estas elecciones, Alexis Tsipras, líder de Syriza, ha emulado de alguna manera el histórico “acá no venga a patotearnos” de Néstor Kirchner en 2005 durante la Cumbre de las Américas; pero esta vez la contraparte no es George Busch sino Ángela Merkel. El multipolarismo que se viene desarrollando desde principios de este siglo XXI, condición de posibilidad de la aparición de partidos como Syriza y de procesos como los de América del Sur, a su vez, se retroalimenta y ahora Grecia será aliada de Rusia en un espacio geoestratégico fundamental y tendrá el apoyo latinoamericano de gobiernos que también tienen en el FMI y en la Troika financiera mundial a sus principales limitantes para el desarrollo. En este sentido, como dice Hugo Yaski, “Nosotros vamos en un tren de la humanidad que va hacia la profundización del neoliberalismo caminando adentro en sentido contrario”. Construimos alternativa anti neoliberales en un mundo conducido por factores de poder que buscan profundizar las políticas neoliberales con los desastres que ello implica.

    Hay contrapoderes en este mundo planteando en un contexto en el que los poderes concentrados nos pretenden llevar a más neoliberalismo. En algunos casos, las alternativas se paran con éxito y en otros van cobrando volumen. Es indudable el rol que ha jugado América latina en esta posibilidad; a veces no dimensionamos que gobiernos latinoamericanos, como el argentino, decida tener políticas distintas a las enunciadas por los centros de poder. Esta elección en Grecia ha roto la malla del pensamiento único y ha permitido que alternativas políticas se sientan en condiciones de mostrar que existe una alternativa.

    El llamado “sur europeo” (Grecia, España, Portugal) diferenciado del norte franco-alemán y los países nórdicos, está llamado en esta hora a ser un aliado estratégico de todos los nuevos conglomerados de naciones que se han conformado como la CELAC y el BRICS, donde participa Rusia, una de las primera naciones en reconocer y felicitar la vitoria de Tsipras. Y así como Argentina reestructuró su deuda soberana en alianza y conjuntamente con Brasil en aquella quita histórica que protagonizaron Néstor Kirchner y Lula da Silva, la CELAC y el BRICS tienen la oportunidad de participar como aliados junto a Grecia de un nueva salida para la crisis, que tenga en cuenta como prioridad a los sectores populares, trabajadores y desposeídos del país helénico.
    La tilinguería argentina (que también existe en otros países sudamericanos) acostumbrada a compararse en inferioridad de condiciones con Europa no podrá entender lo que Cristina Fernández de Kirchner dijo: que Argentina es ahora un modelo global para la reestructuración de deudas soberanas.

     

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