Fidel en nuestras vidas

    Por Elsa Laborde
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    Nov 30, 2016
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    Esta nota no va a ser como tantas otras que realizamos en este espacio en el que queremos exponer lo más objetivamente la realidad en que vivimos. No, esta nota tiene un peso subjetivo muy fuerte y no lo vamos a negar. Murió Fidel.

    El viernes 25 de noviembre de 2016 a las 10,29, murió el Comandante en Jefe, Fidel Castro. Si bien sabíamos que con su avanzada edad no iba estar mucho tiempo entre nosotros, inconscientemente también había una negación que nos hacía ver que no se iba a ir nunca. Y nos llenó de tristeza. Nos hizo pensar en todo lo realizado, en los avances y en los retrocesos. En lo que hicimos y lo que nos queda por hacer. En los triunfos y en las derrotas de todos estos años.

    Los jóvenes de la generación de los 60, 70, fuimos sus hijos políticos. Esa juventud  que desafiaba las “normas” imperantes no sólo en lo político, en lo filosófico, sino también en el arte, en la forma de vida. En esa época tan convulsionada y rica en la lucha por la liberación de los pueblos, vivimos las distintas experiencias liberadoras con entusiasmo y con la idea de que comenzaba una nueva etapa histórica, hacia otros tipos de sociedades más igualitarias, más humanas. Pero la que nos iluminó en ese camino de posibilidades hacia un nuevo mundo, fue la Revolución cubana y el Comandante Fidel Castro.

    A lo largo de todas estas cinco décadas, se demostró que los objetivos propuestos no eran un sueño de un  grupo de delirantes: no sólo se llevaron a la práctica, sino que se  demostró que “otro mundo era posible”.

    Y así fue que de ser el burdel de Estados Unidos, Cuba se transformó en un país digno y soberano. En donde se desarrolló un proceso revolucionario con la identidad cubana, con los tiempos de su pueblo; respetando su historia basada en el legado de Martí.

    Poniendo los pilares en un tipo de organización social democrática desde las bases, desde cada rincón de Cuba, más allá de lo que se ha ocultado esa manera participativa de llevar la política. Una democracia basada en las necesidades populares, Y crecimos  políticamente con ese ejemplo: el de avanzar enfrentando la mentira de los traidores y del enemigo y seguir luchando.

    Pero por sobre todo, la convicción de avanzar con la revolución  a pesar de todos los escollos que ponía el enemigo. Avance más allá del daño terrible a nivel económico ocasionado por el bloqueo. Más allá de todos los intentos de asesinato a Fidel. Más allá de la propaganda en contra utilizando a los métodos  más bajos de propaganda. Más allá de todo, igualmente se vieron los avances en alimentación, en salud, en educación, en ciencia que lograron los cubanos.

    Y esa convicción, esa seguridad en lo realizado, esa fortaleza también nos daba a los latinoamericanos la idea de la posibilidad de la liberación de nuestros pueblos. Y por eso, la juventud tomó como ejemplo a Fidel y al Che y se desarrolló la lucha popular y revolucionaria en Latinoamérica.

    Pero, hoy viendo la realidad global que estamos viviendo, podemos decir que el logro más importante, no sólo fue planificar y resolver su subsistencia, sino que también realizaron una tarea con el pueblo logrando la idea de dignidad, de autoestima como seres humanos libres no dependiendo de ninguna potencia. Eso  llevó a tener conciencia del proceso histórico que estaban construyendo, conciencia de Patria, conciencia de independencia, conciencia de revolución y sentir que más allá de los errores y de lo que faltaba, debían defender lo logrado.

    Lo más importante que nos dejó Fidel fue la seguridad en el camino emprendido hacia  un nuevo tipo de sociedad que no es perfecta,  pero donde se logró un  desarrollo social, humano,  pero sobretodo  basado en valores como la solidaridad y donde los cubanos llevaron a la práctica ante las necesidades de otros pueblos. No dudar en cobijar a exiliados, a colaborar con gobiernos y pueblos que los necesitaban. Uno de los ejemplos hasta el día de hoy, es el rol de los médicos cubanos, los educadores y otras especialidades en los países que lo necesiten.

    Es decir, tener valores humanos. Una nueva sociedad, pero también “el hombre nuevo”. Ese hombre que tanto soñamos en lograr.  En ese plano, el enemigo también actuó, pero imponiendo valores basados en el egoísmo, el individualismo, la traición, al abandono de ideales para poder triunfar. Y esa es la batalla más importante que tenemos que dar. 

    Hoy, podemos decir que seguimos teniendo los objetivos que compartimos con Fidel. Es otro momento histórico, pero es la misma lucha:

     «Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo».

     

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