Bolivia: un ejemplo latinoamericano

    Por Oscar Laborde
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    Feb 12, 2015
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    Como Instituto de Estudios de América Latina de la CTA, estamos convencidos que en estas nuevas condiciones mundiales, los proyectos populares de América Latina tienen una oportunidad histórica. Estamos transitando una nueva etapa donde observamos los síntomas de la crisis del capitalismo, así como al surgimiento de un proceso político a nivel regional que se está dando, a partir de los gobiernos populares en Nuestramérica.
    Desde nuestro lugar, pretendemos hacer un aporte para el abordaje de temas que consideramos fundamentales en nuestra realidad global y regional e involucrar a  todos aquellos que hoy en día, son parte de este momento de transformación de los países de Nuestramérica. Por eso nos propusimos presentar este material sobre el nuevo mandato que inicia el Presidente Evo Morales en nuestra hermana República Plurinacional de Bolivia y analizar así los pasos de este rico proceso iniciado en el 2006; la propuesta de continuidad y la profundización de lo realizado hasta ahora, así como los nuevos logros en la etapa que comienza.
    Este hecho histórico no puede ser pensado sino se lo contextualiza dentro de la geopolítica mundial y en esta nueva etapa que estamos transitando en América Latina. Nuestra región se ha convertido en estos últimos años en el lugar privilegiado para repensar las políticas emancipatorias ya que fue aquí, y no en otros sitios, donde surgieron experiencias novedosas, nuevas prácticas políticas y de gestión de gobiernos populares y de izquierda.
    Se está dando un avance importante en romper con los tutelajes de las viejos y nuevos imperios y por eso nos sentimos orgullosos del pensar-hacer de Nuestramérica. Hemos asumido el desafío de pensar y actuar de manera independiente, apostando a la mezcla de tradiciones, conocimientos y aportes teóricos y prácticos de nuestras historias y nuestras identidades,  dentro de la geopolítica mundial. Y ese es el ejemplo que hoy nos da Bolivia, su gobierno y su pueblo.
    La derrota y el fracaso de las corrientes de pensamiento revolucionarias y de cambio, del siglo XX nos llevaron a repensar conceptos centrales del ideario y de las políticas emancipatorias y de demostrarnos que se podían crear experiencias nuevas, sin libreto. Ejemplo de eso fueron las luchas sociales contra el modelo neoliberal, primero, y la experiencia de una serie de procesos estatales.
    Lo innovador de esta etapa, reside en que no responde a modelos esquematizados. Las luchas populares son el acontecimiento constituyente de este fenómeno. Fue la insurrección boliviana, caracterizada como “una combinación inédita de rasgos antiguos y modernos”, la que abrió el camino de Evo Morales a la presidencia. También ocurrió en Venezuela: fue la congregación en el Palacio de Miraflores frente al golpe patronal del 2002, la que le permitió la radicalización “bolivariana” a Hugo Chávez. Así como la lucha del pueblo argentino iniciada en el 2001 contra las medidas neoliberales lo que llevó a que en el 2003 asumiera Néstor Kirchner. Lo mismo Lula da Silva en Brasil, cuya victoria electoral no puede comprenderse sin la articulación de la autonomía obrera del ABC paulista con los movimientos urbanos brasileños en el Partido de los Trabajadores. Lo mismo podemos decir de la resistencia popular al intento de golpe policial en Ecuador. Estas experiencias incitan a llenar de nuevos contenidos, acordes a las realidades del Siglo XXI, conceptos claves como Revolución, Socialismo y Democracia.
    El avance más importante, elemento característico también de este cambio de época, es la integración y la institucionalización en ámbitos como el MERCOSUR, la UNASUR y la CELAC posicionando a Nuestamérica en el panel de los bloques Grannacionales que van conformando este mundo multipolar. Para ello, debemos remarcar como bisagra de los procesos que vivimos en América Latina, el momento histórico en que los presidentes de los gobiernos populares rechazaron al ALCA, ante el asombro del mundo y marcaron la decisión de avanzar en un camino de independencia y soberanía que hoy lo profundiza Bolivia.
    Cuando, desde el balcón del Palacio Quemado, Evo Morales dedicó el triunfo a Fidel Castro y a Hugo Chávez, y a “todos los pueblos que luchan contra el capitalismo y el imperialismo”, parecía una frase más, pero que tomada en toda su significación histórica, abona el terreno para repensar un programa que exceda la denominación emblemática de “capitalismo andino-amasónico”, formulada hace unos años por el vicepresidente Linera.
    Si prestamos atención a este proceso, podemos observar que el voto del MAS se mantiene pero se redistribuye territorialmente. En concreto, esto significa “un descenso del voto del núcleo “duro” del proceso de cambio en beneficio de un aumento de un voto “blando” como puede ser el magnífico resultado en Santa Cruz”, donde la candidatura de Evo obtuvo casi el 50% de los votos, una cifra notable dentro del histórico reducto racista de la “media luna”. Donde de todos modos la derecha se mantuvo firme en Beni, único de los nueve departamentos bolivianos donde no triunfó el Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos. Así y todo, superando el porcentaje de votos que obtuvo en las elecciones de 2005 y cercano a los números de 2009 (64%), luego de casi nueve años en el gobierno, Evo Morales se convertirá en 2020, cuando termine este tercer mandato, en el presidente que más tiempo haya gobernado Bolivia en toda su historia.
    Lo más llamativo es el grado de consenso que han conseguido en la amplia mayoría de la sociedad, los planteos que vienen haciendo Evo, su gobierno, su partido el MAS, y los movimientos sociales. La consolidación de una hegemonía, la cristalización de un tipo de integración lógica y moral de la sociedad. Esto se ha extendido evidentemente en los últimos años y ha sumado al sector social que acompañó a Evo desde el comienzo, a toda la dirigencia sindical, a capas medias, a amplios sectores del empresariado. Y también esta influencia se extendió territorialmente a regiones donde hace algunos años planteaban la secesión de Bolivia, como Santa Cruz y Pando, y hoy gana claramente el MAS. Lo realizado ya quedó como una base lograda en derechos, en economía, en soberanía que no se puede volver atrás y políticamente, la derecha no podrá gobernar si arrasan con estos logros.
    Las bases que han votado nuevamente por el MAS han tenido en cuenta todos los avances extraordinarios en la calidad de vida. Antes de 2006, Bolivia era un país extremadamente pobre. Tan pobre que ocupaba el triste lugar de segundo país más pobre del continente, luego de Haití. Desde entonces, la extrema pobreza se redujo 21 puntos, llegando al 18 % en 2013, y la apuesta por erradicarla en la próxima década figura entre las prioridades del presidente y su equipo de gobierno. Claro que la nacionalización de los hidrocarburos posibilitó implementar políticas que favorecieran la redistribución de la riqueza. Políticas en las que tuvieron prioridad los adultos mayores de 65 años, las mujeres con muchos hijos y los niños y adolescentes en edad escolar. El analfabetismo se erradicó por completo del país, logro que fue incluso reconocido por la UNESCO.
    Cuando el hambre acecha, las políticas de resistencia suelen centrarse en la subsistencia. Pero cuando las condiciones materiales mejoran, resulta insoslayable avanzar por más. Y avanzar por más no puede tener como parámetro el modelo cuantitativo de consumo capitalista, sino que deberá gestar una dinámica cualitativamente distinta que se base en más y mejor nivel de vida, cuya base será la del buen vivir, la vida digna o como quiera que se la llame, pero que seguro, deberá ser una vida no-capitalista.
    Alguna vez, Álvaro García Linera utilizó el concepto de “tensiones creativas” para denominar la dinámica del proceso boliviano. Parece que ha llegado la hora de profundizarlas. Evidentemente, en su discurso de asunción ha planteado nuevos conceptos que son para pensar y que demuestra el inicio de una nueva etapa política y de construcción, como por ejemplo: Comunitarismo, Socialismo, Estado, la Propiedad y la gestión comunitaria. Cuando dice “nuestro socialismo es comunitario por su porvenir, pero también es comunitario por su raíz, por su ancestro”. Y más allá de las características específicas de la sociedad boliviana y el proceso iniciado, son conceptos dignos de análisis para los demás países latinoamericanos y a nivel global.
    Tenemos grandes desafíos por delante, como es la lucha contra los sectores conservadores y de derecha de nuestros países aliados al poder internacional imperial, colonialista, como siempre lo han hecho. Resulta difícil, pero quizás sea hora de que asumamos que en Nuestramérica, tendremos que transitar un camino con las incertidumbres que derivan de la creación, de superar modelos cerrados. y de pensar nuevos modelos abiertos, abarcativos y  que vayan construyendo nuevas sociedades, sin copiar otras experiencias, sino que sean el producto del reconocimiento de nuestra historia, nuestras luchas, nuestras identidades, nuestras necesidades. Y como lo expresó García Linera: “el Socialismo del Nuevo Milenio solo puede ser democrático, comunitario y del vivir bien”.
    Claro que la figura de Evo sintetiza hoy, los avances del proceso político boliviano. Pero como dijo el propio Evo Morales en el 2006, debe haber liderazgos colectivos que “manden obedeciendo”. Parece ser el desafío que la hora reclama para América Latina.

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