Petróleo y Terrorismo

    Por Oscar Laborde
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    16 Sep 2015
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    Petróleo y Terrorismo

    Estados Unidos ha venido revisando su política exterior, en general, y su estrategia de intervención militar, luego de la Guerra de Vietnam. Desde las propias tácticas militares, hasta el manejo de los medios de comunicación, en esa clase de conflictos, fueron puestos en crisis, y a partir de allí se produjeron cambios sustanciales en la misma.

    Frente a cada contienda armada hizo aprendizajes y desarrolló nuevos armamentos, tecnología militar de avanzada y un sofisticado sistema de espionaje que ya había aceitado en la Guerra Fría, pero que luego alcanzó otros niveles de desarrollo: desde los dirigentes opositores asesinados en Asia, Medio Oriente o Suramérica con misiles disparados desde aviones tripulados o drones tras captar las señales de los teléfonos celulares de los mismos, hasta la interferencia de todo el Gabinete del gobierno nacional de Brasil, Francia o Alemania.

    Ya a principios de los años '80, la CIA había elaborado los documentos de SANTA FE, donde entre otras tantas cuestiones, se planteaba a una nueva visión para la consolidación del capitalismo, la relación con países específicos (Cuba, Brasil, México, entre otros) en América Latina y la incorporación, en el análisis, de lo que hoy llamaríamos "la batalla cultural", que preveía, entre otros tantos elementos, tareas de descrédito de los referentes intelectuales de la izquierda a nivel mundial.

    Se sentaban las bases para las más cruentas políticas neoliberales y desde allí irrumpió el Consenso de Washington, los TLC y todo un paquete de medidas tendientes a disputar, primero al bloque soviético, y ahora a China en especial  y los Brics más globalmente, la hegemonía económica y financiera.

    Estados Unidos fue abandonando, paulatinamente, la concepción de invadir naciones para remplazar esto, primero, por acciones de conjunto –generalmente con la OTAN o contando con el visto bueno de Naciones Unidas-, hasta terminar fomentando –con armamento, logística y fondos- el surgimiento de grupos en cada país que derrocaran a los gobiernos considerados hostiles. 

    Un elemento, sin embargo, que se mantuvo inalterable a través de los años y de los cambios de estrategia, fue el petróleo como eje articulador de todas sus operaciones en el extranjero. De allí lo de Irak, los intentos sobre Irán, Libia, o en la Venezuela de Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro.

    La implementación de los golpes suaves, en los países donde las condiciones ya no daban para incursiones militares, fue otra de las facetas que se fueron implementando paulatinamente. El manejo de los medios de comunicación adquiere aquí otra dimensión y se terminan por explicitar, ya no como el cuarto poder, sino como inherente a lo peor de la política imperialista, constitutiva de la misma. 

    De la síntesis de todas estas prácticas, y frente a la necesidad de consolidar su dominio mundial, Estados Unidos apela en los últimos años a lo que se ha denominado "el caos constructivo"; es decir, el sostenimiento de grupos que ya no están insertos en la interna de un país, sino que ahora  no  reconocen fronteras, y operan militarmente en zonas pertenecientes a varias naciones; generando una inestabilidad política, social y humanitaria de gravísimas consecuencias, donde las imágenes de los refugiados es la explicitación de ese accionar, perfectamente seleccionadas, por las grandes corporaciones de medios.

    Se genera la balcanización inmediata de las regiones en conflicto. Ya es hoy un secreto a voces que grupos como el Estado Islámico, desprendimientos de Al Qaeda y otros grupos del Oriente Medio no tenían capacidad operativa militar para realizar operaciones de envergadura,  y que su crecimiento se dio en un período muy corto de tiempo, sin mediar otros fundamentos que la asistencia en armas que reciben de las agencias de inteligencia de Estados Unidos.

    No son estos acontecimientos producto de grupos que se desprendieron del incipiente apoyo estadounidense, sino que son absolutamente funcionales a la estrategia global norteamericana. ¿Quién se beneficia en situaciones como estas? ¿Quiénes son los que pueden preservarse ante los bombardeos, los asesinatos selectivos, la quema de ciudades, los gobiernos que se derrumban? ¿Por qué no  atacan –esos grupos- instalaciones militares o diplomáticas de Estados Unidos o Israel como ocurría en las últimas décadas en África y  Asia , sino que están focalizados en determinados territorios? 

    Irak, Egipto, Libia y hoy Siria son prueba de ello. Algunos, claramente, para cooptar sus reservas petroleras; otros, para quebrar el equilibrio geopolítico de la región donde se extrae y comercializa el crudo. 
    Las respuestas tienen, todas, una obviedad asombrosa.

    Nota Publicada en Tiempo Argentino

     

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