La vigencia de Lula y Néstor

    Por Oscar Laborde
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    27 Oct 2014
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    Nuestra región atraviesa un momento decisivo, con instancias electorales que van a marcar claramente los alcances del mismo, y ponen en debate sus logros y limitaciones. Es por ello que resulta de indudable valor la visión que Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva tuvieron al firmar el 16 de octubre de 2003 el Consenso de Buenos Aires.

    Oscar Laborde

    Nuestra región atraviesa un momento decisivo, con instancias electorales que van a marcar claramente los alcances del mismo, y ponen en debate sus logros y limitaciones. Es por ello que resulta de indudable valor la visión que Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva tuvieron al firmar el 16 de octubre de 2003 el Consenso de Buenos Aires. Cabe recordar que el contexto latinoamericano de aquel momento marcaba la vigencia del presidente brasileño, pero desde 1998 la figura del Comandante Hugo Chávez Frías había marcado el rumbo al proceso que se avecinaría.
    Los pueblos continuaban involucrados en luchas y resistencias y las figuras de Tabaré Vázquez, Evo Morales y el propio Rafael Correa todavía no conducían los destinos de sus respectivos países.
    El punto 16 del mismo define con absoluta claridad la perspectiva de ese proceso: "La integración regional constituye una opción estratégica para fortalecer la inserción de nuestros países en el mundo, aumentando su capacidad de negociación… Teniendo por objetivo la conformación de un modelo de desarrollo en el cual se asocien el crecimiento, la justicia social y la dignidad de los ciudadanos."
    Pero, además, señala muy premonitoriamente que "(…) Una mayor autonomía de decisión nos permitirá hacer frente más eficazmente a los movimientos desestabilizadores del capital financiero especulativo(…)"
    Visualizan la importancia del multilaterismo en los planos económicos, comerciales y del desarme, pero sobre todo, al darle un contenido claramente político al asumir el compromiso de que, el mismo, esté fundado en la igualdad soberana de los Estados.
    Es importante resaltar la coherencia entre este documento, y en el caso particular de Argentina, las acciones de los gobiernos de Néstor y Cristina, cuando debieron afrontar situaciones en donde se puso en juego las acciones que implican los 22 puntos acordados.
    Se define, también, la relación intrínseca sobre la democracia y el rol del Estado, y entre éste y una serie de temas que ambos mandatarios consideran claves para el andamiaje de una nueva arquitectura regional.
    El hambre, la pobreza, el analfabetismo, las enfermedades, las desigualdades sociales, las consecuencias del cambio climático, entre otras,  son marcadas con mucha claridad y advierten las limitantes que eso significa para la participación ciudadana; donde las iniciativas en este nivel deben estar dirigidas a la construcción de consensos, la asociatividad y el diálogo amplio y plural.
    El otro concepto que está implícito en varios de los artículos es la referencia a distintos organismos y declaraciones internacionales que dan sustento conceptual a los puntos enunciados; es decir no se trata de una intencionalidad de deseos; sino formulaciones aprobadas y en funcionamiento a distintas escalas.
    Un documento que marca un antes y un después en la conceptualización del proceso de integración regional; y también exige, al recorrer sus enunciados, una inmediata comparación con lo hasta aquí construido, que permita o ayude a explicar la coyuntura, pero también las posibilidades de construcción de la Patria Grande.

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