¿Hay fin de época?

    Por Oscar Laborde
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    14 Ene 2016
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    ¿Hay fin de época?

    El triunfo de Macri en las últimas elecciones presidenciales conmovió a la región. Por primera vez la derecha gana una contienda de esta proporción en Argentina, y el impacto sobre el resto de los países fue fortísimo.

    De seguido la oposición en Venezuela se impuso en las elecciones a la Asamblea Nacional, generando un escenario complejísimo para el gobierno de Nicolás Maduro, amenazándolo una vez que asumieron lisa y llanamente con su destitución. Si se le agregan los embates contra Dilma Rousseff, resulta un escenario donde las advertencias sobre los peligros de la ofensiva conservadora se concretaron de manera drástica.

    Los datos son innegables, tendremos que decir que la integración con contenido popular que se vivió en estos tiempos pasa su momento más difícil. Ahora, ¿hay fin de ciclo? ¿Es irreversible el retorno a lo que fue décadas de sometimiento de las elites dominantes al interés imperial para favorecer su interés sectorial y en desmedro de nuestros pueblos? Es prematuro afirmarlo. Están todas las condiciones para revertir este momento.

    Veníamos anticipando que la ofensiva del imperio y las derechas locales sobre el proceso que se daba en nuestra América era coordinado y sostenido. Por un lado, luego del fracaso de instalar el ALCA, se dio una ofensiva para impulsar el libre comercio como un ariete para debilitar el proceso de desarrollar un mercado regional virtuoso, que impulsara lo productivo, el mercado interno y el comercio entre los países de la zona. Así, la firma de tratados de TLC con varios países, la Alianza del Pacífico, el Tratado Transpacífico, la insistencia de firmar un tratado de libre comercio con la Unión Europea.

    Un ataque sostenido externo e interno a los tres pilares de la integración: Argentina, Brasil y Venezuela. A nuestro país, con el permanente hostigamiento de los fondos buitres. A Venezuela, con desabastecimiento, contrabando, presencia de paramilitares colombianos fomentando enfrentamientos armados, baja del precio del barril de petróleo que perjudica a ese país y casualmente a Rusia, Irán y Ecuador, enfrentados los cuatro a Estados Unidos. Y a Dilma, con la amenaza constante de un juicio político que fue impulsado a días de haber triunfado en las últimas elecciones.

    Los medios de comunicación concentrados jugaron un papel fundamental en estas maniobras, y en la presentación, impulso y apañamiento de una nueva derecha alejada de las tradicionales formaciones conservadores y recalcitrantes que solían representar los intereses de la oligarquía en otra época. Una derecha más “moderna” y también más hipócrita al no plantear tan brutalmente sus intenciones. Por supuesto que este avance tuvo lugar por errores, insuficiencias y el déficit en la construcción de un sujeto político que haga sustentable el proceso.

    La pelea por instalar en nuestra América un proyecto autónomo y con sentido popular al del imperio será larga. Está claro que este es una circunstancia muy difícil, sin embargo nada está definido, como tampoco lo estuvo en nuestros mejores momentos.
    En Paraguay, un candidato progresista ganó las elecciones en Asunción y Fernando Lugo está al frente en las expectativas de voto a presidente.

    En Venezuela, hay tiempo para entender el mensaje del electorado y llegar con los cambios necesarios a las presidenciales. En Brasil, el desplazamiento del ministro de Economía Joaquim Levy, la toma de algunas medidas que impulsen el mercado interno y la redistribución y el acercamiento de Dilma al PT y a sectores organizados del pueblo puede revertir la situación de ahogo de su gobierno. Lula puede llegar en mejores condiciones al 2018.

    Y en Argentina, la fuerte oposición a las primeras medidas de Mauricio Macri y el compromiso de unidad del Frente para la Victoria y de los sectores populares puede hacer que se defiendan los derechos adquiridos en estos 12 años de gobierno y se pueda pensar en volver al gobierno en 2019.

    Fue mucho lo avanzado en estos años en la conquista de derechos de nuestros pueblos y en la unidad latinoamericana y es muy fuerte la intención del imperio de encolumnar a América incondicionalmente a su propuesta económica y a sus intenciones geopolíticas.
    No hay fin de época. Sí una disputa que será larga y que tiene en este momento a la derecha envalentonada. Dependerá de la voluntad, la inteligencia, la organización y la unidad de los sectores del campo popular, y sabremos si perdimos una batalla o si lo vivido en este tiempo fue sólo un paréntesis entre tantos años de dominación. Depende de nosotros, y a pesar de las dificultades, tenemos todas las condiciones para volver a transitar juntos los caminos de la Patria Grande.

    Nota publicada en Pagina12.

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